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La señora me hizo llorar

De la libreta de un viajero:

Por primera vez en más de 20 años de periodista se me rodaron las lagrimas durante una entrevista y frente a mi entrevistada.

No existe prueba de ello porque la cámara y mi camarógrafo estaban a mis espaldas y la persona que entrevistaba es parcialmente ciega, pero no pude contener las lagrimas ante una triste historia que me estaba siendo relatada.

Para un periodista con tantas millas recorridas y haber entrevistado a gente en diferentes situaciones y con diferentes historias no es fácil aceptarlo pero me ocurrió el pasado 6 de febrero en una pequeña población del estado de Puebla, México.

Y como no llorar si mi entrevistada hablaba de un agónico sufrimiento por la ausencia de un hijo que emigró a Estados Unidos hacía más de 20 años. Fueron días y noches eternas las que lloró con enormes deseos de volver abrazarlo. Le rogó incansablemente a Dios por una ultima oportunidad para volver a verlo. El rostro amoroso y cansado de esa humilde mujer de pueblo me revivió los recuerdos de mi madre.

Entrevistado a Angelo Cabrera en México

Se trata Irma Rodríguez de 65 años, la señora madre de Ángelo Cabrera a quien entrevisté en San Antonio Texcala, Puebla, México, su pueblo natal. Ángelo es un inmigrante mexicano que vivió más de dos décadas en la ciudad de Nueva York y se convirtió en un importante activista comunitario e impulsor de la educación de otros inmigrantes como él.

Me senté a platicar con doña Irma en la cocina de su humilde casa, rodeados de hoyas de barro y peltre que colgaban en las paredes de piedra y bloques de cemento que lucían al descubierto. Doña Irma me contó en detalle lo que vivió tras la ausencia de su hijo y la emoción que sintió al recontarse con él después de 24 largos años.

Ángelo emigró a Estados Unidos cuando tenia 15 y regresó a su pueblo natal hace menos de un año ya a punto de cumplir 40. Su madre siempre pensó que jamás lo volvería a ver. Y de echo aunque ahora lo tiene con ella no lo ha visto del todo.

En marzo del 2014, Ángelo llamó a su mamá para decirle que en tres días iría finalmente a verla. Dice doña Irma que se le ilumino la vida. Que no le cabía la alegría en el corazón. Ella padece de varias enfermedades que la han tenido al borde de la muerte en los últimos años, entre ellas diabetes, uno de sus problemas de salud más serios y el cual le provoco la perdida de vista parcial.

La humilde casa de doña Irma, mamá de Angelo

Cuando Ángelo emigró a Estados Unidos siendo un adolescente, le prometió a su madre que un día regresaría exitoso a ponerle en sus manos los títulos universitarios que en México jamás lograría por la pobreza y marginación en la que vivían en su natal Puebla y así pasaron 24 años.

Por eso cuando doña Irma supo la noticia, se arrodilló ante el altar que tiene en la sala de su casa y le suplico a Dios que le regalara tres días más de vida para volver a encontrarse con su hijo. Solo pedía tres días más, los días que su hijo le dijo tardaría en llegar. Si ya había soportado 24 años sin él y había sobrevivido varias enfermedades aferrándose a la ilusión de volver a verlo, ahora que sabia que su hijo finalmente llegaría, le pedía a Dios solo tres días más de vida.

Sus lagrimas corrían incontenibles por esas mejillas estropeadas por los años de espera y sufrimiento. Por las largas noches de desvelo y suplicas a Dios para que se lo regresara un día. Sus ojitos cansados de tanto esperar volver a verlo parecían manantiales de lagrimas de amor.

Fue cuando los míos no pudieron aguantar y por más esfuerzo que hice por sostener las lagrimas también empezaron a salir. Miraba en su rostro la imagen de mi madre que seguramente muchas veces lloró por mi ausencia y la de mis hermanos también inmigrantes en Estados Unidos. Sentía su dolor en el fondo de mi corazón.

Doña Irma siguió relatando y siguió llorando, y yo también. Dice que cuando Ángelo llegó a casa y volvió abrazarlo como cuando era niño, no quería que pasara el tiempo. En ese primer abrazo le dio todos los abrazo que le pudo dar en esos eternos 24 años de ausencia.

Para conocer a su hijo, doña Irma dice que le tocaba el rostro, quería reconocer las facciones del niño que ella trajo al mundo y que se fue al Norte siendo un adolescente pero que ahora regresaba echo todo un hombre. Me dijo que tocándolo era la única forma de reconocerlo ahora ya sin vista, porque una madre, me aseguro, siempre reconocerá a sus hijos hasta a tientas aunque pasen mil años.

La iglesia de San Antonio Texacala, Puebla

Ángelo regresó convertido en un todo catedrático, le entregó a su madre los títulos de una licenciatura, una maestría y un diplomado en la prestigiosa Universidad de Harvard producto de una beca. Todos esos logros los obtuvo como inmigrante indocumentado y por esa razón no había regresado a ver a sus padres. Los padres de Angelo están muy orgullosos de su hijo y de los éxitos que alcanzó en Estados Unidos pero se quedaron con las ganas de abrazarlo y tenerlo cerca de ellos por 24 largos años.

Este reportaje saldrá el martes 18 de febrero en Noticiero Univision a las 6:30 tiempo del Este. Aquí pueden leer los detalles las imágenes. En unas semanas saldrá una versión más amplia y detallada en programa Aqui y Ahora que sale por Univision los domingos a las 7pm.

Se vale compartir.


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